Viernes, 11 Febrero 2011 00:00

Una mirada al auténtico funcionamiento del mercado. Destacado

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Mirada al verdadero funcionamiento del mercado.

Buen articulo que nos ha dejado Txux-trader en el foro de bolsa, si quieren hacer algún comentario o mirar los que ya hay puede pinchar en este enlace.

Una mirada al autentico funcionamiento del mercado

La teoría del vagón orquesta: una mirada al auténtico funcionamiento del mercado

Imagínese un vagón orquesta que avanza a paso rápido. En cada extremo del vagón hay altavoces por donde suena una música muy agradable al oído y en la parte trasera del vagón hay un grupo de gente que se lo está pasando en grande. La música, fuerte y clara, empieza a atraer a otros mirones que estaban sin hacer nada por otros lados. Estos mirones, incapaces de resistirse a los dulces sonidos de la música, corren a unirse a la fiesta que parece estar desarrollándose allí. Progresivamente, más y más mirones se amontonan al final del vagón y los que al principio se encontraban disfrutando de la primera fase de la fiesta empiezan a marcharse. A medida que aumenta la multitud de juerguistas, al vagón le cuesta cada vez más seguir avanzando a la misma velocidad.

Baja el ritmo, permitiendo con ello que cada vez más mirones, viendo lo bien que se lo pasan allí, puedan unirse al grupo. La multitud es cada vez mayor. Y aumenta y aumenta hasta que el vagón orquesta, cargado hasta los topes de juerguistas borrachos, no puede seguir avanzando. Finalmente se detiene. Cuando el vagón orquesta está completamente quieto, sigue subiendo más gente. ¿Y por qué no? Llegado este punto resulta muy fácil unirse a la diversión.

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No cuesta nada, las personas que quieren unirse a la masa ya no tienen que correr para saltar a bordo del vagón. Pero la naturaleza del vagón es seguir avanzando. Quedarse inmóvil no es natural y, por lo tanto, es una situación que no puede prolongarse. Intenta avanzar, pero no puede. La multitud que se amontona en la parte trasera es excesiva. Debe liberarse de su pesada carga. Y lo hace. Cambia rápidamente de dirección y parte de los juerguistas salen disparados. La música se detiene. Empiezan a surgir caras sorprendidas entre la multitud. Antes de que nadie se entere de lo qué está sucediendo, se produce una nueva sacudida, esta vez más violenta. Cae de nuevo otro grupo de gente. Volvemos a la realidad. La diversión se ha convertido en una pesadilla de proporciones épicas y empieza a cundir el pánico. Algunos deciden saltar y morir. Una nueva sacudida manda a un grupo aún mayor de borrachos, personas que no pueden mantener el equilibrio, de bruces al suelo enfangado. No para. Las sacudidas prosiguen, cada vez más violentas. Llegado este punto, sólo aguantan los más fuertes, su vida pendiente de un hilo. Viendo que no puede liberarse del todo, el vagón orquesta se agita con todas sus fuerzas y esta última sacudida resulta tan maligna que sus ruedas delanteras se levantan incluso del suelo, suspendiendo momentáneamente el vagón en posición perpendicular. Los últimos ocupantes caen al suelo, rotos y maltrechos. Llegado este punto, surge del bosque un nuevo grupo de espectadores. Van limpios y están sobrios. Todos sus movimientos son deliberados y llenos de energía porque no han tomado parte de la tragedia que acaba de finalizar. ¿O sí? Algunos de los que quedan por los suelos se los miran bien y se les revela algo interesante. Aquel grupo aparentemente nuevo no es nuevo en absoluto. Se trata del mismo grupo que abandonó tranquilamente el vagón antes de que llegara aquel fin tan violento. Los espectadores derrotados observan con mayor detalle y ven algo más asombroso, si cabe. Se trata no sólo del grupo que se marchó antes, sino además del grupo que originó la fiesta. «Dios mío», exclama alguien.

Paralizados e incapaces de moverse libremente, lo único que pueden hacer los derrotados es observar cómo los maestros del juego se ponen de nuevo en marcha. Tan pronto como las ruedas del vagón orquestra rozan el suelo, los profesionales suben rápidamente a bordo. Fácil. El vagón orquesta, liberado de aquella enorme multitud, avanza libre y ágilmente, transportando cómodamente en su interior al grupo más astuto. Acelera y pronto desarrolla un elegante avance. Después de unos cuantos kilómetros de movimiento ininterrumpido, alguien de este grupo de maestros toca un interruptor y se inicia de nuevo la música. Alguien grita: «Atención todo el mundo. Ahí vienen. Hagámoslo otra vez.» En cuestión de segundos, los que fueron las víctimas del desastre anterior parecen de nuevo interesados. Es como si la música les despertase de la tumba. Y una vez más, se repite el interminable ciclo...

Extraído del libro "day trading" de velez y capra.

En este momento ¿escuchan la musiquilla? los rebotes de bbva y santander son los clarines.

Saludos

txux

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